Cantar II

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De como Joseba el Skilfingo alzó su hacha sobre el escudo.
 

Llegó del norte un luchador,

voz amable y ojos de fiera,

descendió a las tierras gautas

con su mente en quien le espera. 

Por su nombre acudió al torneo,

luchó por honor, por fama,

a tres derrotó su hacha

y por todos se le aclama. 

Su escudo fuerte sostuvo,

los mil golpes soportaba,

aun así no cedió un paso,

y con todos acababa. 

Soberbio lo fue en la lucha,

humilde en las mil batallas,

el espíritu de un Hombre,

sin manchas y sin morrallas. 

Destacado en cualquier juego,

cerró con el mejor broche,

y al arquero Sires quitó,

el ojo del Alimoche.